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Nudos marineros

nudo

Allí estaba yo, con diez años colgando de mis mechones mojados y la piel cubierta de arena escuchando a mi padre explicarme los distintos nudos marineros.

-Hija, es importante que los aprendas todos…- me aseguraba como si estuviera enseñándome a desactivar una bomba.

Y yo asentía, callada. Porque discutir en agosto, con el patriarca de la casa, por unos simples nudos pues no debía ser la mejor manera de terminar el verano.

Ahora -más vieja, más experta-, sí lo entiendo todo. Ahora sé que cuando me cruzo contigo en alguna esquina traicionera se me hace un nudo as de guía corredizo o que cuando me llega un mensaje de mi ex pidiéndome perdón el estómago se me enlaza de tal forma que termina siendo un nudo de barrilito.

Mejor os explico los distintos nudos a los que podemos enfrentarnos en el día a día, para que sepáis cómo deshacerlos con la mayor eficacia posible. Porque si no puede ser que alguno os dure toda la vida.

Nudo simple: No os preocupéis, éste es el básico. El de toda la vida, el de mariposas en el estómago, el de “ese chico me gusta y me está mirando”. Digamos que tiene su encanto y se deshace una vez perdamos de vista al sujeto del cual somos víctima.

Nudo llano: Se crea con la primera conversación de futuro en pareja. ¿Qué somos?, ¿a dónde va todo esto?, ¿qué sientes por mí?, ¿te quiero?, ¿me quieres?… Y todas esas preguntas incómodas que marcan el fin o el comienzo de una relación. Se deshace una vez despejadas las dudas.

Nudo ocho: ¿Sabes cuando discutes con tu pareja y estáis un par de días sin hablar hasta que decides llamarle? Ese primer tono al marcar su número, ese instante de ansiedad previo a que coja el teléfono es el nudo ocho. Se supera una vez reconciliados.

Nudo ballestrinque: Tú aseguras que pasas de él, que es un lío cualquiera, un amor temporal que acabará en la lista de ‘no compatibles’… Hasta que lo ves en un bar hablando con otra y ahí aparece el famoso nudo ballestrinque, o más conocido como ‘no quiero reconocerlo en alto pero estoy muy celosa. Y quién es la zorra esa que le sonríe a mi casinovio‘. La atadura desaparece una vez echas a patadas a la golfa que se ha entrometido entre tu casinovio y tú. Porque sí, gracias a este tipo de nudo te das cuenta de que quizá ese chico del que “pasabas” te importa más de lo que esperabas.

Nudo cote doble: La relación avanza. Hacéis vida en pareja, coméis los domingos con la familia, hacéis promesas de futuro… Es el nudo del agobio al ver que todo marcha demasiado bien, pero que tu soltería se aleja tan rápido como Usain Bolt corriendo en las olimpiadas. Siento informarte de que este nudo dura hasta que te divorcies, te separes o directamente te vayas a comprar tabaco y nunca vuelvas.

Nudo de abrazadera: También conocido como el de las despedidas. Las rupturas nunca son fáciles pero casi siempre terminan con un achuchón. Yo particularmente lo llamo el abrazo de Judas. Es ese tipo de abrazo que en vez de llenarte de amor te deja vacía, triste y perdida. Ese nudo que dice ‘te quiero, pero muchas veces con querer no basta’ y se zanja con un maldito abrazo.

Ya sólo me queda uno más, inventado por mí, fruto de mi experiencia en las relaciones. Os presento al… (Redoble de tambores)

Nudo del ahorcado: Éste no aparece en mi estómago, si no en mi cabeza. Es el rey de mi imaginación cuando un hombre no se porta como debe. Cuando me llevo una decepción imagino su cabeza alrededor del nudo, así ahorcándose. Y entonces se me deshacen todas las ataduras que había ido acumulando y respiro de nuevo, libre y feliz.

Y vosotros, ¿con qué nudo os quedáis?

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