Archivos Mensuales: abril 2014

Nudos marineros

nudo

Allí estaba yo, con diez años colgando de mis mechones mojados y la piel cubierta de arena escuchando a mi padre explicarme los distintos nudos marineros.

-Hija, es importante que los aprendas todos…- me aseguraba como si estuviera enseñándome a desactivar una bomba.

Y yo asentía, callada. Porque discutir en agosto, con el patriarca de la casa, por unos simples nudos pues no debía ser la mejor manera de terminar el verano.

Ahora -más vieja, más experta-, sí lo entiendo todo. Ahora sé que cuando me cruzo contigo en alguna esquina traicionera se me hace un nudo as de guía corredizo o que cuando me llega un mensaje de mi ex pidiéndome perdón el estómago se me enlaza de tal forma que termina siendo un nudo de barrilito.

Mejor os explico los distintos nudos a los que podemos enfrentarnos en el día a día, para que sepáis cómo deshacerlos con la mayor eficacia posible. Porque si no puede ser que alguno os dure toda la vida.

Nudo simple: No os preocupéis, éste es el básico. El de toda la vida, el de mariposas en el estómago, el de “ese chico me gusta y me está mirando”. Digamos que tiene su encanto y se deshace una vez perdamos de vista al sujeto del cual somos víctima.

Nudo llano: Se crea con la primera conversación de futuro en pareja. ¿Qué somos?, ¿a dónde va todo esto?, ¿qué sientes por mí?, ¿te quiero?, ¿me quieres?… Y todas esas preguntas incómodas que marcan el fin o el comienzo de una relación. Se deshace una vez despejadas las dudas.

Nudo ocho: ¿Sabes cuando discutes con tu pareja y estáis un par de días sin hablar hasta que decides llamarle? Ese primer tono al marcar su número, ese instante de ansiedad previo a que coja el teléfono es el nudo ocho. Se supera una vez reconciliados.

Nudo ballestrinque: Tú aseguras que pasas de él, que es un lío cualquiera, un amor temporal que acabará en la lista de ‘no compatibles’… Hasta que lo ves en un bar hablando con otra y ahí aparece el famoso nudo ballestrinque, o más conocido como ‘no quiero reconocerlo en alto pero estoy muy celosa. Y quién es la zorra esa que le sonríe a mi casinovio‘. La atadura desaparece una vez echas a patadas a la golfa que se ha entrometido entre tu casinovio y tú. Porque sí, gracias a este tipo de nudo te das cuenta de que quizá ese chico del que “pasabas” te importa más de lo que esperabas.

Nudo cote doble: La relación avanza. Hacéis vida en pareja, coméis los domingos con la familia, hacéis promesas de futuro… Es el nudo del agobio al ver que todo marcha demasiado bien, pero que tu soltería se aleja tan rápido como Usain Bolt corriendo en las olimpiadas. Siento informarte de que este nudo dura hasta que te divorcies, te separes o directamente te vayas a comprar tabaco y nunca vuelvas.

Nudo de abrazadera: También conocido como el de las despedidas. Las rupturas nunca son fáciles pero casi siempre terminan con un achuchón. Yo particularmente lo llamo el abrazo de Judas. Es ese tipo de abrazo que en vez de llenarte de amor te deja vacía, triste y perdida. Ese nudo que dice ‘te quiero, pero muchas veces con querer no basta’ y se zanja con un maldito abrazo.

Ya sólo me queda uno más, inventado por mí, fruto de mi experiencia en las relaciones. Os presento al… (Redoble de tambores)

Nudo del ahorcado: Éste no aparece en mi estómago, si no en mi cabeza. Es el rey de mi imaginación cuando un hombre no se porta como debe. Cuando me llevo una decepción imagino su cabeza alrededor del nudo, así ahorcándose. Y entonces se me deshacen todas las ataduras que había ido acumulando y respiro de nuevo, libre y feliz.

Y vosotros, ¿con qué nudo os quedáis?

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Hace un tiempo, te hubiera esperado toda la vida

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Me miras vacilón, sabiendo que si sonríes tienes casi ganada la batalla.

Hace un tiempo, ya la habrías ganado. Sin ni siquiera hablar.

Yo habría sacado toda la artillería de paciencia que me quedase en la recámara para comprenderte. Sí, hace un tiempo, te hubiera esperado toda la vida. Como esos perros fieles que una vez muerto su dueño, hacen de su casa el cementerio. Porque antes pensaba que había cosas por las que merecía luchar.

Ahora opino que sigue habiendo cosas por las que merece la pena luchar pero que los hombres no son una de ellas.

Supongo que maduré. Evolucioné. O vete a saber qué.

Así que ya no espero. La vida es demasiado corta como para que te quieran a medias. Llega un punto (situado alrededor del lustro que se comprende entre los 25 y 30 años) en el que una se quiere mucho -o al menos yo lo hago- y no se conforma.

Sólo se conforman los mediocres. Yo nací gritándole a la vida que quería más.

Así que no te sorprendas si ahora cojo mis cosas y me marcho. ¿La explicación? Es muy sencilla. Siéntate, que te la cuento.

Me merezco que me quieras sin condiciones. Que te apasionen incluso mis defectos porque son de fábrica y para toda la vida, como las cicatrices. Que me sorprendas, que me mimes, que me compres batido de chocolate para desayunar porque sabes que odio la leche. Me merezco que me hagas reír a medianoche y que me lleves de paseo sólo para ver la luna. Me merezco que me digas que estoy bonita aunque me mientas, que me abraces cuando no te lo pida y que me beses cuando te gruña. Me merezco poder confiar en ti. Sabiendo que si me caigo, me ayudaras a levantarme. Me merezco que quieras aprenderte de memoria todos los lunares de mi espalda y que ya de paso, me enseñes a contar los tuyos. Me merezco un mejor amigo que me haga el amor por las noches y me haga feliz por las mañanas.

Y a cambio, yo te podría prometer la luna. Pero dejémonos de exageraciones poéticas, que la luna está muy bonita donde está. A cambio te daría los recuerdos más bonitos de tu vida, las experiencias más increíbles y los besos más sinceros que te hayan dado.

Creo que con eso bastaría, ¿no?

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Graffitis rojo chanel

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Hoy quiero ser libre. Olvidarme de que ha nacido un nuevo lunes y que en la tele se repiten en bucle las desgracias del país. Quiero salir de la cama al ritmo de Jason Mraz y su bonita canción I’m Yours, bailando con mi culito feliz.

Hoy voy a desayunar unas tostadas bañadas en nutella. Voy a mancharme la cara entera del rico cacao que se escape de mis labios y una vez terminada mi sesión de zampar me miraré al espejo satisfecha y sonriente. No os preocupéis, que quien engorda soy yo, así que ahorraros vuestros consejos sobre una vida sana. Que a mí lo que me interesa es una vida feliz. Y creedme, uno de los pilares de mi vida ha sido, es y será el CHOCOLATE. Nadie puede luchar contra eso.

Hoy me voy a vestir guapa pero no elegante. Los tacones los voy a tirar por la ventana y ese pintalabios rojo que nunca utilizo lo voy a gastar dibujando graffitis de corazones en paredes destartaladas. Me voy a peinar despeinada y no me va a hacer falta más que una sonrisa para maquillar mis lindas ojeras. Porque mi madre siempre me dice que estoy más guapa al natural. Y yo -ingenua nivel experta- me lo creo.

Hoy prometo interrumpir a todas las soledades con mi risa, que es la forma más bonita que conozco de gritar felicidad. Prometo decirte, si me cruzo contigo, lo guapa que estás, o lo mucho que te he echado de menos. Prometo abrazarte hasta casi casi fracturarte una costilla (o dos… Que yo soy muy fuerte ¿eh?). Prometo besarte hasta que se coloreen tus mejillas.

¡Ah sí! Y también prometo robarte todas las sonrisas que pretendías gastar ese día y guardármelas todas para mí. Porque no seré avariciosa con el dinero, pero las sonrisas… Esas las quiero todas porque, aunque la gente no se da cuenta, valen su peso en diamantes.

Hoy será un lunes feo para muchos.

Para mí es un bonito día para esforzarse y luchar por ser feliz.