Archivos Mensuales: diciembre 2012

Yo sólo pasaba por aquí

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Pasaba por aquí y me he parado a saludar.
A darte los buenos días con una sonrisa de oreja a oreja y un cruasán entre las manos.
He pensado que has podido levantarte con el pie izquierdo. Tan torpe él que te fastidia todo el día.
O quizás aún tienes en tu boca el sabor nauseabundo de aquel chupito que te arrebató tu estúpida tristeza por unas horas. Pero ya te he dicho muchas veces que solo los tontos creen que bebiendo se olvida.

Bebiendo, se recuerda. Con la resaca claro. Que te trae, como una película de serie B, un largometraje (de más de dos horas por seguro) de contenido nostálgico en su más puro estado.

El caso es que yo he venido aquí a recordarte.

Quería que te acordaras de todas las veces que has maldecido algo. Y al tiempo, lo has bendecido. Las veces que entre esa mierda en la que todos alguna vez hemos estado metidos, has encontrado un tesoro.

Quería que sintieras la fortaleza que aparece cuando un “tsunami” revienta todos tus planes. Cuando ya nada tiene sentido y aún sigues en pie.

¿La sientes? Ahora sonríes, ¿verdad?

Eso que palpita haciéndote grande es la vida. Sí, ya sé que es como un maldito terremoto que cambia tu rumbo sin pedirte permiso. Pero deja de buscar la claridad entre tanta turbulencia y déjate llevar.

Baila al compás de esta danza inesperada porque te aseguro que, como mínimo, te va a regalar tantas cosas buenas como malas. COMO MÍNIMO.

Así que acábate el cruasán. Ponte guapo y sal a la calle a bailar con la vida. Y cuidado, no te vayas a enamorar de ella, que sabe moverse muy bien.

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Dime qué cosechas

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Quería decirte que últimamente he estado pensando en mi sonrisa.
La he visto pasear por las calles de Madrid y de mi fría Pamplona. La he observado asomándose curiosa a los espejos. Reflejándose en los charcos otoñales y en las tiendas navideñas. Alguna que otra noche, achispada en el retrovisor de un taxi cualquiera.
En todo tipo de situaciones -alegre, traviesa, a medio hacer o muy hecha, ingenua, bromista…- y el caso es que ha cambiado.
No estoy segura de si ha crecido o ha menguado. Si ha madurado o encontró el secreto de Peter Pan escondido en alguna carcajada.
Lo que sí sé es que es más auténtica que hace un par de veranos. Que ha aprendido a valorar la exquisitez de cualquier momento y consiguió romper las cuerdas que la tensaban. Aprendió que el corazón se limpia con el tiempo y que quien siembra desdichas recoge alegrías.

Y en este invierno tan caótico, ha llegado mi cosecha.
Por fin, mi sonrisa es feliz -sin ‘peros’ que valgan- y brilla tanto como la estrella que golpea la repisa de tu ventana.

Así que no me preguntes qué quiero estas Navidades. Ya tengo el mejor regalo. Y como consecuencia, esta enorme sonrisa.

“Take my hand
Break my stride
Make me smile
For every time I’ve cried”

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