Al sexto piso, por favor

Llegamos empapados pero felices. Tú agarraste mi brazo y de un empujón me metiste en ese ascensor minúsculo.  Nos pareció el escenario perfecto para desnudarnos.  Aunque en aquel momento, cualquiera lo hubiera sido.

Nos miramos bajo esa luz de bombilla desgastada y el ascensor comenzó a elevarse. Y así, nuestros corazones.

Jugaste a arreglar los mechones rebeldes de mi flequillo y me abrazaste mientras con suma habilidad ibas despojándome de ropa.

Todo se inundó de besos.

Amores de ginebra, frío y lluvia. Amores en ascensores de mala muerte que jamás estuvieron tan vivos…

Nos detuvimos en un sexto piso. No recuerdo si era el tuyo o pulsamos un número al azar anhelando que no dejara de subir hasta llegar al cielo.

Pero continuamos encerrados ahí. Ajenos a la vida que se respiraba fuera de esas cuatro paredes. Como un “Adán y Eva” que ansiaban tocarse. Sin serpientes ni Dioses que juzgaran sus acciones.

Y cuando el amanecer nos pilló dormidos, me abrazaste y con una sonrisa a medio hacer me susurraste:

-Ven, que ahora te voy a enseñar mi casa.-

Te sonreí y me pellizqué el brazo porque juro que pensé que aquello era el paraíso.

Y es que contigo hasta dormir empapados en un ascensor viejo, mugriento y minúsculo tenía un sabor celestial…

“You’re the closest to heaven that I’ll ever be”
Goo Goo Dolls
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