Un día deja de ocurrir

Chico de espaldas

Jugabas a enfadarte cuando no te prestaba atención. Y cuando suplicaba por tu perdón, me decías:
“Tonta, yo siempre estaré aquí”.

Y a mí se me inundaba la vida de paz. Te sonreía, me encendía un cigarrillo y volvíamos ser tú y yo. No hacía falta nada más.
Sentados en cualquier bar, revolvíamos el mundo. Y cuando estaba patas arriba, le dabas un trago a tu “Mahou” y mirándome decías:
-Un día deja de ocurrir. Eso es todo-.

Así que me tatué esa frase en el pecho. Para no olvidar que todo pasa y nada vuelve. Y en algunos casos, mejor que nunca vuelva.

No me acostumbraré a ti.
Porque eres ese alguien que protege mis caídas pese a todo.

Supongo que nadie podría acostumbrarse a llevar un airbag humano 24 horas al día.

-Hay cosas que ellas saben desde que nacen…
Aunque ni siquiera sepan que las saben- después calló de nuevo.
Y yo me quedé viéndolo irse de regreso a las trincheras,
mientras me preguntaba cuántas mujeres, y cuántas estocadas,
y cuántos caminos, y cuántas muertes, ajenas y propias,
debe conocer un hombre para que le queden en la boca esas palabras.
Arturo Pérez Reverte
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